Eterno cambiante

En los límites del tiempo
descubro que lo eterno
habita en el instante
y es siempre cambiante.


Centrado en mí

Centrado en mí
nada me tambalea,
pues no soy yo
quien danza y brega
con cada piedra
que arrastra la marea.
Pues no soy yo quien camina,
quien se levanta cada día
esforzándose por verme.

Yo soy aquel que nunca duerme,
quien de lo alto vigila
y aun después de la vida,
              existe.
Soy aquel que nunca viste,
soy quien guía el camino,
quien recoge lo aprendido.

Yo soy el fuego
que tu centro habita.

Soy el soplo divino

       que en ti

                 palpita.


Cual diamantes

Piedras que brillan al sol
                 cual diamantes
sin muros
            sin vallas
                          rutilantes
transforman pasados oscuros
en nuevas verdades que irradian
mostrando en su ser interior
mundos de antes.



Descanso nocturno

Buscando nadar
en las aguas mansas
que cubren de paz
mis tribulaciones,
me hundo en el mar
donde un Dios descansa
y emerjo capaz
de nuevas acciones.
Renueva la noche los dormidos
impulsos por los que vivo.


La nube

Reposa ligera sobre la nada,
reposa sin prisa, sin un destino,
asomándose al borde del vacío
tan solo para echar una mirada.

Su forma sin bordes, deshilachada,
es distinta cada vez que la miro
juega y cambia con cada remolino
flotando a su antojo, despreocupada.

Yo quisiera volar como la nube,
que me hicieran los pájaros cosquillas
llenando el cielo de blanco algodón.
Ser agua pura que flotando sube,
partir dejando atrás cualquier orilla,
navegando libre bajo este sol.


Postpoesía

Al pie de la lógica el poema ha muerto
descansa en su lápida ataúd sin cuerpo
quedó en esqueleto su abundancia florida
quieto, duro y seco, lo desangró la herida
que asestó sin saber la afilada razón
tratando de ver, por qué late el corazón.